“El equilibrio empieza en ti”

 

Eran los últimos días en nuestro curso de acupuntura, el ponente, como casi todos, extranjero, del norte de Europa. No sé si era cosa mía, pero sentía cierto aire de superioridad en su explicación, haciendo referencia a la variación en la situación de algunos puntos de acupuntura en las personas españolas. Según él, ciertos puntos, los españoles los presentábamos más “hacia el sur”… será que la energía africana tira mucho de nosotros hacia abajo. La mirada de mi hermano, que era su paciente voluntario en la explicación, se clavó en sus ojos ante tal afirmación. Pero a lo que voy, ese ponente repitió en varias ocasiones la importancia de observar al compañero humano del animal, para buscar la causa de desequilibrios y compensaciones. Eso sí que despertó mi curiosidad.

Siempre tendemos a situar el foco de nuestra atención hacia el exterior, es más fácil, además es la forma en la que a casi todos nos han educado. Mirar hacia el interior cuesta, no nos resulta fácil, es algo que tenemos que aprender para que, con el tiempo, se convierta en un hábito que realicemos sin esfuerzo, de forma más fluida y natural.

He pasado tanto tiempo “buscando lo que está mal” que me cuesta ver “lo que está bien”. Observo un caballo y mi atención se dirige, inevitablemente, a esa articulación que no se mueve como debe, al músculo atrofiado, al paso acortado. Tal vez por eso me enamora el entrenamiento en positivo, porque mi foco se detiene en aquello “que está bien” ignorando “el comportamiento que no deseo”. Busco el “SI” y eso llena de vitalidad cada momento de la práctica, el “NO” lo dejo pasar.

Nunca me ha gustado pensar que los caballos son “espejos” en los que nos vemos reflejados. Siempre me ha parecido que tal afirmación, de alguna manera, robaba la propia esencia del caballo, a la vez que albergaba cierto egoísmo humano. Siempre nosotros, hasta en los caballos nos vemos como si mirásemos un espejo.

Pasando tanto tiempo con caballos, entrenando movimientos, ejercicios, retos, diferentes aires, he podido observar y sentir, que el caballo se mueve mejor si yo me muevo bien. El caballo está más relajado y centrado en la actividad en la medida en que yo estoy relajada y centrada. Si yo trabajo con plena atención y mi cuerpo está en equilibrio con mi mente, el caballo…buff…se mueve que es una delicia, se me saltan las lágrimas observando la expresión de tanta belleza, de tanto equilibrio y de tanta humildad.

 

Entonces, cuando hablan de “caballos espejo” ¿se refieren a esto que yo siento? Entonces, ¿no es una afirmación tan simplista y tan egoísta como yo pensaba? Entonces, ¿mi equilibrio mente-cuerpo le permite al caballo expresar su equilibrio? Entonces, ¿el caballo es un ser tan sensible que es capaz de alterar su equilibrio en función de nuestros desequilibrios?

 

El equilibrio en nuestro cuerpo, nuestros movimientos fluidos, precisos y claros, es la expresión del equilibrio en nuestra mente, aquietada, sosegada y en paz. Una mente con turbulencias sólo nos lleva a un cuerpo rígido, con movimiento entrecortado y limitado. Pero son sólo las caras de la misma moneda, nosotros. Trabajar la consciencia en la mente y en el cuerpo, despierta ambos, los conecta y los equilibra, expresando un estado de paz y relajación desde el que se realiza la obra de arte más bella, nuestra relación con nuestro caballo, nuestro entrenamiento y nuestro aprendizaje juntos.

 

“Estaban trabajando en la pista redonda, mira que siempre he tenido manía a las minipistas redondas, caminadores y cualquier trabajo alineante para caballo y persona. Pues ahí estaban dando vueltas y vueltas. -Es que lleva mucho tiempo sin salir- me explicaba el propietario convertido en domador. -Y hay que desfogarlo un poco, porque tiene unas ganas…- Las ganas son las que tenía yo de decirle que me parecía que con ese trabajo lo único que iba a conseguir era que el caballo se lesionase, se alterara cada vez más y sólo deseara que su dueño se cansara y se marchara de nuevo a su casa. Seguramente ese caballo deseaba haber permanecido en confinamiento un poquito más.

El trabajo caballo+propietario estaba completamente descoordinado, el caballo galopaba, el propietario le perseguía con un caminar muy rápido, movía las manos, levantaba los brazos, agitaba la cuerda. El caballo le miraba de reojo, con una oreja hacia delante y la otra hacía él. ¡Estaba con él! ¡Lo tenía! No se estaba dando cuenta de que el caballo le estaba preguntando “qué hago” y estaba ofreciendo su voluntad.

Le insinué, con dulzura y humildad, que no moviera todo su cuerpo como si le estuvieran dando espasmos de agitación, que bajara su nivel de energía. ¿Estás respirando? -respira, por un instante, atiende a tu respiración, haz una inspiración fuerte y exhala despacio, por la nariz-. El caballo parecía darme las gracias con su mirada. -Ordena tu cuerpo, toma consciencia de tu postura-. Y el caballo parecía que poco a poco iba moviéndose de forma más fluida, sin nervios, sin miedo, con más tranquilidad y sosiego. Eso estaba mejor, aunque seguían sin gustarme las minipistas redondas”.

 

Algo que parece tan sencillo como atender a nuestro cuerpo mientras trabajamos con nuestros caballos, no lo es tanto, porque no estamos acostumbrados a hacerlo. No hemos aprendido a “observarnos”, a dirigir ese foco de atención hacia nosotros. Cuando aprendemos, no sólo lo podemos aplicar en nuestro entrenamiento, sino en todos los ámbitos de nuestra vida. Y nos permite vivir de una forma más plena y consciente cada instante.

Entrenar, estar, compartir tiempo con nuestros caballos, desde la consciencia de nuestro cuerpo y nuestra mente, para permitir al caballo que exprese su equilibrio, el “equilibrio caballo” que trae de serie y que nosotros rompemos, pisoteamos y aplastamos sin darnos cuenta.

Los caballos son grandes maestros de la consciencia. Con ellos es mucho más fácil practicar la atención al momento presente. No sólo porque son grandes, son rápidos, y de alguna forma nuestra propia supervivencia está en juego. Si sabes escuchar, su propio equilibrio te invita a practicar el tuyo.

Aquieta tu mente, escucha a tu cuerpo y entrena con consciencia.

 

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