Seligman y Maier en 1967 realizaron un estudio sobre el aprendizaje en perros. En la fase I del experimento utilizaron tres grupos de perros, en el grupo 1, los perros estaban inmovilizados por un arnés mientras se les daba una descarga eléctrica. Si pulsaban una palanca con su hocico la descarga cesaba. En el grupo 2 los perros no tenían la opción de parar las descargas pulsando la palanca. El grupo 3 era un grupo de control. En la fase II se les daba a todos los grupos la opción de escapar a las descargas desplazándose a un compartimento dentro de la caja donde estaban. Los grupos 1 y 3 mostraron la misma capacidad de aprendizaje para evitar  la descarga moviéndose al compartimento de la caja. Pero el grupo 2 no mostró la misma capacidad para aprenden que podían evitar la descarga con esa simple acción de desplazamiento. Ese déficit en el aprendizaje lo denominaron “indefensión aprendida”.

El déficit de aprendizaje mostrado por el grupo 2 se debía a la incapacidad que tuvieron en la fase I del experimento para controlar el estímulo aversivo de la descarga.

Cuando un animal no puede controlar de ninguna forma un estímulo agresivo, se inhibe su capacidad de aprendizaje además de desarrollar otros comportamientos asociados.

Los caballos que han soportado y soportan situaciones de presión, a los que no se les da ninguna opción de evitar esa presión, o más bien esa situación, acaban convirtiéndose en caballos abatidos, deprimidos, caballos que se han dado por vencidos porque no tienen opción de control para evitar ese sufrimiento. Un caballo que no tiene control sobre una situación de sufrimiento, dejará de evitar ese sufrimiento.

Hanna Troupe

Caballos que no expresan ninguna emoción, demasiado tolerantes ante cualquier situación a las que les exponemos, que parece que “ni sienten ni padecen”, lo más probable es que se hayan encontrado en una situación de indefensión aprendida.

Pero no sólo el dolor o el sufrimiento físico pueden desencadenar esta situación, también un estrés incontrolable, la frustración en el entrenamiento o aprendizaje, la doma basada en métodos de presión, causan que el caballo se inhiba en una situación de abatimiento y aceptación, inhibiendo cualquier nuevo aprendizaje.

Cuando el animal se expone a un estímulo aversivo, su cuerpo produce dopamina. La dopamina hace que se encuentre mejor, superando la situación. Si el estímulo es ligero, la dopamina se libera en la amígdala. Si la situación continúa, la dopamina se libera en la corteza prefrontal. Y si aún continúa más, la dopamina se libera en el núcleo accumbens. Cuando el caballo no puede escapar a ese factor estresante, se produce una inhibición en la liberación de dopamina. Deja de intentar escapar al estímulo y su comportamiento se muestra apático, sin motivación, deprimido, con movimientos más lentos, es como si desconectara de su cuerpo.

Alex Bläjan

Esos caballos tolerantes, excesivamente tolerantes, y tristes, de los que hablaba la terapeuta, muy probablemente eran caballos sometidos a una situación aceptada tras una situación cronificada en el tiempo en la que no tuvieron ninguna opción para controlar el estrés, la frustración, la tensión o el dolor, y posiblemente eran caballos en una situación de indefensión aprendida.

Algunas de las manifestaciones de la indefensión aprendida son las estereotipias que podemos observar en muchos caballos, sobre todos caballos que permanecen en cuadras, aislados del contacto con otros caballos, a los que únicamente se les saca de esa cuadra para entrenar, con suerte todos los días. Algunos de estos caballos llegan a lugares de descanso o de retiro con estereotipias muy marcadas. Muchos continúan con ellas durante toda la vida pero he podido comprobar como en otros desaparecían al cambiar su vida por completo.

Dar al caballo la vida más parecida a la del caballo, alimentarlo como un caballo, respetar sus características más esenciales, no caer en antropomorfismo, o intentemos caer lo menos posible en él, son algunas de las herramientas que podemos utilizar para gestionar la indefensión aprendida.

Trabajar con refuerzo positivo ha demostrado tener un gran efecto en caballos que han sufrido este tipo de situaciones. Sacar la chispa que llevan dentro a veces es complicado, y se necesita grandes dosis de paciencia y cariño.

Cuando un caballo siente que puede “gestionar” su entorno, se siente más seguro, confiado, feliz, con un sentimiento agradable que le ayuda a continuar aprendiendo cada vez más, con mucha confianza en su entrenador y en la vida.

Utilizar refuerzo positivo es una forma de fomentar el aprendizaje del caballo. El caballo tiene elección para controlar su entorno. No se trata de realizar ejercicios de circo. Se trata de comunicación, de fortalecimiento de nuestro vínculo, de conexión, y de hacer que el caballo se encuentre seguro, feliz y confiado aprendiendo a nuestro lado.

Con los caballos que han sufrido indefensión aprendida, debemos tener mucha paciencia, sobre todo al principio. El estímulo de la comida no es tan fuerte como en otros caballos, pero el premio, la caricia, la suavidad, su reconocimiento, harán que poco a poco salga de su estado de letargia y comience a interactuar con el entorno, en el que nosotros nos encontramos.

Muchos de los caballos que llegan a trabajar como caballos de intervención en terapias asistidas, son caballos con una larga vida llena de historias, casi siempre no muy buenas y felices. Son caballos que quizás en algún momento de su vida desconectaron de la vida y a los que nosotros podemos ayudar de muchas maneras. El juego, los estímulos y el refuerzo positivo pueden cambiar sus vidas.

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