Sólo una potrita torda

 

Sin más, intentaba recordar todos los nombres de los caballos que habían pasado por mi vida. Aquellos que de una u otra forma, habían rascado un poco en mi corazón. Qué tontería. Todos han rascado en mi corazón. Pero con alguno de ellos, había conectado de una forma algo más íntima que con otros. Siempre queriendo lo mejor para ellos, mi mirada era atraía por los más desvalidos, enfermos, maltratados o abandonados. Aquellos “no queridos”. Tal vez había algún reflejo de mi propia vida en cada uno de ellos. Quizás, pero la verdad, es que no me interesa hablar de mí, ni lo que de mí puedo ver reflejado en ellos, me interesan ellos, por lo que son, cada uno con su individualidad, con sus necesidades y con su personalidad.

No puedo recordar los nombres de mis compañeros de instituto, pero sí recuerdo cada caballo, sus nombres, cómo eran y cómo miraban. ¿Te has inmerso en los ojos de un caballo? Y hablan de las profundidades del mar. Creo que los ojos de los caballos es un mar en miniatura, un abismo de expansión y paz. Hay tanta serenidad en sus ojos, que aunque los mires por muy poco tiempo, puedes experimentar la misma sensación que en tus 20 minutos de meditación diaria.

La mirada de aquella potrita sí que se me había clavado en el corazón. Y no tenía nombre. Nunca más supe de ella. Pero como siempre, mi esperanza era que hubiera encontrado una forma agradable de sobrevivir en el mundo a veces hostil de los humanos. Qué felices son aquellos que creen que siempre habrá sucedido lo mejor, los llaman optimistas… o ilusos, cuando hablamos de caballos. La persona que se la llevó no parecía entender mucho de caballos, es más creo que era un personaje extraño, con un punto cómico de despiste, locura e insensatez. Pero así eran las cosas. Había pagado por ella, y eso fue lo único que importó para que se la llevara. Y yo, mera espectadora, como en tantas otras ocasiones.

Llegó tarde, su coche destartalado, el remolque destrozado, parecía que se iba a caer a trozos de un momento a otro. Y lo peor de todo ¡ni siquiera la miró! Yo no me lo podía creer. Vas a recoger a un caballo que has comprado a distancia, y ni siquiera lo miras. ¿Es que no te interesa…ni por curiosidad? Buff..duele ver caballos en manos de personajes como este. Quiérela por favor, quería decirle. Cuídala, escucha lo que tiene que decir. No es un mueble que se transporte de un lugar a otro ni de una mano a otra. Es un ser vivo, que siente como tú y como yo, que sufre, que tiene miedo. ¡Mírala, por favor! Pero en vez de decirle todo eso, conteniendo mi desesperación, me limité cual psicoterapeuta  a mantener una breve conversación con el personaje en cuestión, indagando sobre sus pretensiones con ella, su conocimiento y la forma en que se suponía que ella iba a vivir desde ese momento.

 

Y sólo pude desear lo mejor para ella, sin ilusión, es más, con la desesperanza de haber vivido estas situaciones en muchas ocasiones sin poder hacer mucho más por cambiarlas. Al fin y al cabo, ella tenía suerte y alguien había pagado por ella.

 

Ahí está, porque había rascado en mi corazón. Esta un poquito más que otros, pero al fin y al cabo, como todos ellos. De vez en cuando pienso en ella, sintiendo su presencia cerca como si pudiera enviarle mi cariño, mi amor y mis cuidados, como cuando eres pequeño y piensas que por desear mucho algo, o por pensar mucho en algo, se pudiera cumplir, sea lo que sea. Hasta hace poco, yo seguía pensando así. ¿O lo sigo haciendo todavía y por eso le envío esos mensajes desde el corazón? Creo que es así.

Mi mensaje desde el corazón para ti pequeña potrita, es que deseo que tu suerte te haya llevado a vivir con personas que intenten entenderte. Que cuiden de ti como si de un tesoro se tratara. Que sean amables y respetuosas. Que te demuestren afecto. Que vivas sin miedo. Y que estés en paz.

Y que si nada de esto ha sido posible, ojalá puedas recordar que durante algún tiempo que compartimos fue así.

Marga

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